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Tema 05

Ciencia y cine

 
  manuel.moreno@upc.es  
 

Científicos de la ficción: el lado menos amable de la ciencia

En Dr. Cyclops (1940), el Dr. Thorkel, un científico idealista, intenta mejorar el mundo mediante un material radiactivo, el radio (“entrometiéndose en poderes reservados a Dios”). Aunque no vacila en utilizarlo con finalidades malévolas (reducción de tamaño del personal), cuando se descubre su secreto.

 
 

En Reanimator (1985), el Dr. West, una mente tan brillante como retorcida, está dispuesto, cual Frankenstein moderno, a ir más lejos que nadie en el tema de la vida y la muerte. No duda en entregarse a los más dudosos y siniestros experimentos con cadáveres. Ambos filmes reflejan también los campos científicos en auge en esas épocas (la energía nuclear y la biología).

 
 

Laboratorios de la ficción

El laboratorio donde el Dr. Caine desarrollará su particular método para obtener la invisibilidad en el filme El hombre sin sombra (2000), última revisión del mito del hombre invisible. Nada que se parezca a los asépticos y pulcros laboratorios de experimentación bioquímica. Por lo que parece, sigue imperando la regla no escrita de que la sofisticación o grado de complejidad de un laboratorio se mide por el número botones, lucecitas y maquinaria variopinta que posee.

 
 

Algo que setenta años antes había ya planteado el director James Whale en el filme El Doctor Frankenstein (1931) al recrear el laboratorio de Víctor Frankenstein.

 
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